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Un Dios en el olimpo del celuloide: Billy Wilder, cumple 95 años

Sábado, 23 de Junio de 2001 09:04 AM

"Me gustaría morir a los 104 años, completamente sano, asesinado por un marido que me acabara de pillar in fraganti con su joven esposa". Estas palabras podría haberlas dicho alguno de los personajes de las comedias de Billy Wilder, pero no, son del propio director, que el viernes, 22 de junio, cumplió 95 años.

Destilan ese ingenio y ese toque mordaz con que Wilder mira la vida, sobre todo, la suya, que comenzó en 1906 en una pequeña localidad del entonces imperio austro-húngaro que hoy pertenece a Polonia y gran parte de la cual ha vivido en el olimpo cinematográfico de Hollywood.

Ese muchacho inquieto, que dejó los estudios de derecho para dedicarse al periodismo en Viena, llegó a los 21 años a Berlín, donde dio sus primeros pasos en el mundo del cine escribiendo guiones para películas de cine mudo ("Emil und die Detektive").

Sin dejar del todo el periodismo, trabajó en 14 películas, pero por sus orígenes judíos se vio obligado a huir, primero a Francia y luego a Estados Unidos, donde finalmente conocería el éxito.

Un amigo alemán le consiguió su primer trabajo como guionista en un estudio y acabó trabajando con el que luego sería su mentor y maestro, Ernst Lubitsch. El perfeccionismo de este último junto a la acidez de Wilder dio excelentes resultados como la magistral "Ninotchka", en la que hicieron reír a la gélida diva sueca Greta Garbo.

Cuando Lubitsch murió alguién dijo en el funeral: "Se acabó Lubitsch", y Wilder replicó: "Peor aún: se acabaron las películas de Lubitsch". Y es que el director, que debutó en 1942 con "The Major and the Minor", con Ginger Rogers y Ray Milland, persiguió durante toda su vida el toque "Lubitsch". De hecho, en su despacho se podía leer un cartel que decía: "¿Cómo lo habría hecho Lubitsch?"

En 1945 tuvo que regresar a Alemania, enviado por el gobierno estadounidense, y allí se enteró de que sus madre y otros familiares murieron en el campo de concentración de Auschwitz. Un año antes Wilder ya había cosechado numerosos aplausos con una película de cine negro "Double Indemity", que protagoniza Barbara Stanwyck, y en la que trabajó en el guión con el reconocido escritor de novela negra Raymond Chandler.

En "The Lost Weekend" (1945), largometraje que ganó en total cinco Oscar, Wilder relató la amarga historia de un escritor que se hunde en el alcoholismo y cinco años más tarde, cuando él ya era toda una estrella de Hollywood, retrató la miseria del mundo que le rodeaba en aquel glamouroso rincón de Estados Unidos con "Sunset Boulevard".

En esa película, con la que ganó su tercer Oscar, Wilder retrata la decrepitud del mundo de las estrellas con una fabulosa vieja gloria de Hollywood, Gloria Swanson, un joven William Holden, el actor y director Erich Von Stroheim y un entonces olvidado Buster Keaton.

Pero en el género en el que realmente Wilder brilló fue en la comedia. Sacó partido como casi nadie de ese don que Marilyn Monroe tenía de actriz cómica y aunque era desesperante su impuntualidad ­que según él luego relató le permitió leer "Guerra y Paz" y "Los miserables"- creó momentos inolvidables como aquella escena en que a la sensual Marilyn se le levanta la falda en "The Seven Year Itch" (1955).

"Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la Segunda Guerra Mundial y hay una cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena", dijo el director sobre la actriz.

Volvió a trabajar con ella en "Some Like it Hot" y "The Apartment", pero Wilder también dirigió a otras grandes estrellas. Regaló al espectador una glamurosa Audrey Hepburn en "Sabrina", película en la que también trabajó con Humphrey Bogart, con quien no hizo tan buenas migas.

Asimismo descubrió la química de un tándem irrepetible: Jack Lemmon y Walter Matthau, que desde aquella mítica "Front Page" han vuelto a protagonizar varias películas juntos.

En 1981 rodó su última película "Buddy, Buddy", y desde entonces permanece alejado de las cámaras, ya que las compañías de seguro no se atreven a respaldarlo.

Pero el maestro no ha caído en el olvido. Así cuando el director español Fernado Trueba recogió su Oscar en 1992 y dijo: "Me gustaría creer en Dios para poder agradecerle este Oscar. Por desgracia sólo creo en Billy Wiler, así que gracias, Mr. Wilder", el auditorio aplaudió corroborando estas palabras.

© María Luz Climent Mascarell / DPA





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